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Marcelo Díaz
"El fin del realismo"

1981. Vive en Río Cuarto (Córdoba). Profesor y Licenciado en lengua y literatura. Publicó en 2009 el libro de poemas La sombrilla de Wittgenstein (reeditado por Colectivo Semilla en 2013) y el libro de poemas Newton y yo (prólogo María Teresa Andruetto) con Editorial Nudista en 2011. Participó en la antología Es lo que hay en el año 2009 realizada por Lidia Lardone. Textos suyos aparecieron en Revista Ñ, Poesía Argentina, Corrientes y No-retornable.


 

 

Prólogo del libro

 

Un espacio de convergencias - Por Mario Ortíz

 

En este libro, Marcelo Díaz despliega una poética absolutamente original y rigurosa. Hay un peculiar tratamiento de cierta imaginación científica que le permite configurar sus poemas como campos de fuerza donde se desplazan partículas que bien pueden ser granitos de polvo, seres humanos o cadáveres. La voz poética observa, evalúa trayectorias posibles: “Si fuera físico / escribiría sobre cómo los movimientos de rotación / nos devuelven de un modo imperceptible / al mismo lugar como la arena de los acantilados / depositada en esta región del hemisferio. / Ni siquiera un radar de baja frecuencia podría / encontrarnos juntos tomados de la mano. El sonido / la lengua concreta de los espejismos no circula en el vacío.”

Esas partículas intentan comunicarse, son como “satélites emitiendo señales / desde órbitas distantes”, pero no siempre lo logran; entonces el poema refiere “un mensaje por encima de las cosas”, de una señal cuyo código se desconoce. El lenguaje da cuenta de la imposibilidad de la comunicación en determinadas condiciones. De este modo, Díaz consigue que sus textos sean conmovedoramente humanos. La física habla de nosotros porque no es una mera metáfora, un símil que el poeta maneja con destreza: nosotros somos partículas en movimiento, somos —como se afirma en un poema— “máquinas / que por las noches / siguen funcionando / en la vibración electrónica del silencio.”

El lenguaje es seco, por momentos cercano a la concisión de una ley científica, pero de ningún modo carente de emoción, incluso de giros sorprendentes que nos dejan en estado de suspensión, como en el caso de ese “texto sobre una dimensión invertida (…) escrito por un hombre disfrazado de conejo.”

Díaz despliega una poética en la que cada texto es un pequeño estudio donde se explora un espacio de convergencias y de límites que se desplazan entre la física, el lenguaje y los afectos; un espacio poco transitado en la poesía argentina. De esta manera, hay aquí nada menos que una propuesta metodológica que debemos atender: abrirse hacia otros códigos, trazar campos donde un sistema (físico o biológico) fugue y devenga hacia otro sistema heterogéneo (el amor o la familia); donde un género tradicionalmente alejado de la poesía (ciencia ficción, policial, comics o crónica deportiva) revele toda su potencia al trabajarlo de un modo im-pertinente, por ejemplo desde el rigor formal del verso. ­­­


RESEÑAS:

- Física sentimental, por Carlos Schilling para La Voz del Inetrior

Palabras de la intemperie, por Diego Bentivegna para Revista Ñ

 

 

POEMAS DEL LIBRO

 

 

Monólogo de Donnie Darko

 

En algún punto del jardín descansa un motor diesel.

Yo no era nadie en el universo

pero dibujaba accidentes aéreos.

Esa era mi particular manera de estar integrado

a la vida de los aeropuertos

hasta que leí el texto sobre una dimensión invertida

que cambia o duplica las historias personales

escrito por un hombre disfrazado de conejo.

Viajar por el tiempo es una tarea abstracta

como imaginar una antena portátil

dentro de la bóveda celeste o calcular la trayectoria

de la turbina de un avión cayendo al abismo.

Quizás existió un proyecto distinto para mí

entre las diferentes opciones de la oscuridad.

Temprano pasaré de ser el fogonazo

de una bengala a la última grabación de una caja negra.



**


 

Catamarán

Fotograma: hombre con sombrero de mimbre

entrena a su pájaro en una balsa de bambú.

Es la doctrina del aire ¿Soñará con un bosque

una cúpula invertida en un espejo de pinos?

Tras el ataque el pescador recoge los peces

en un recipiente de paja. De otro modo

si desata el hilo de su garganta el ave

partirá lejos enfocada en el mapa de ruta

de las migraciones transcontinentales.      

En condiciones seguras será como un arqueólogo.

Excavará el terreno, anidará en su propio islote

alejado del gráfico elemental de los ríos

pero en el fondo sabe, como lo saben

todos los pájaros acuáticos, que el método

es inalterable, lo mismo que sucede con

la ingeniería de las represas o el movimiento

de sable de un samurai. De repente

te extraño ¿Serás el pescador en la corriente

sosteniéndose con una soga en la mano?

Pronto una nube negra, liviana como

una alfombra voladora, estará aquí

y recorrerá tu interior como un collar

un regalo que alguien echó de menos.

 

a Tom Maver


**


 

Invierno

 

Manejabas en la noche y chocaste un ciervo.

Encendimos las linternas, no encontramos a nadie.

Éramos animales solitarios que

se extendían por el territorio como

la sombra de una mancha solar. La aceleración del motor

idéntica a la de las nubes del horizonte.

De haber tenido un perro rastreador

hubiese sido diferente. Existen espacios en blanco

que ni la fuerza de gravedad puede enmendar.

¿Dormiremos en el pico de los árboles

donde descansa nuestro auto

y nos desintegraremos con los campos

concentrados en la calma de los pájaros?

Lo más probable es que sin luz

perdamos la transparencia. Este accidente

no puede ser sino pieza de una maquinaria

con la misión precisa de fabricar olvido.

Aprendemos a cuidarnos

de los ángulos de la pérdida

como de la oscuridad que dejamos atrás

después de la onda expansiva.

En las rutas del futuro no existirán animales

que se eleven por el asfalto ni tampoco

seres como nosotros dispersos por el aire

como una llamarada

moviéndonos en la dirección del invierno.