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Joaquín Oreña
"Una especie extraviada"

Nació el 8 de marzo de 1979 en Monte Quemado, Santiago del Estero. Estudia Lic. En Psicología en la UBA. Publicó: Quiero que me dejes en el fondo del mar en 2009 por la editorial Huesos de Jibia. En 2013 participó de la antología “El rayo verde”.


 

 

Prólogo del libro - Por Carla Sagulo

La lección de los escépticos

 

Joaquín Oreña tiene aprendida la lección de los escépticos: la duda es el primer paso hacia la verdad; pero para él, el camino del conocimiento no es necesariamente la razón, sino la experiencia misma de la vida, del amor y el desamor. Y por supuesto, la poesía. El punto de llegada será en realidad plural, se tratará de verdades fugaces, inestables, brumosas, pero a la vez inevitables.

La duda se instala desde el comienzo y el relativismo acorrala al poeta, sin embargo, hay un impulso vital que lo lleva a “elegir”. Éste es un verbo que en el libro se reitera y podría ser sintomático de una voluntad que se resiste; en un mundo en el que el libre albedrío pareciera reducirse cada vez más a la opción entre objetos de consumo, el poeta elige cerrar los ojos, mirar hacia dentro o hacia el cielo, como en una meditación, sin abandonar por ello el diálogo con los otros, incluso en el fin del mundo: me gusta pensar/ que cuando llegue el fin del mundo/ vos te vas a acordar de mí/ me gusta saber/ que cuando llegue el fin del mundo/ yo voy a elegir/ estar descalzo. Estar descalzo, mostrarse vulnerable, porque ahora sabe que conocer es dejar que alguien te atraviese.

Si su primer libro, Quiero que me dejes en el fondo del mar (Huesos de jibia, 2009), es el libro de una relación turbulenta, Una especie extraviada es el de la soledad; pero esta soledad excede la de una separación amorosa, aquí la soledad es ontológica (el yo/ el único castillo acéfalo/ en medio de ese hermoso bosque oscuro) y se sabe multiplicada en los demás: en el fondo/ todos creemos parecernos un poco/ a un marinero atrapado/ en alta mar. Sin embargo, el dramatismo de esa soledad definitiva se atempera con otro aprendizaje que podríamos llamar zen. Dice el mismo poema: es bueno saber/ que el infierno particular/ que cada uno de nosotros porta en esta tierra/ también puede estar vacío.

Aunque su autor no lo haya pensado así, y tal vez por eso mismo, podría decirse que Una especie extraviada es en algún punto un libro zen. En él, se describe la trayectoria (el extravío) de un sujeto que accede al conocimiento justamente cuando –o porque– decide renunciar a él. Con la muerte como única certeza, pero sin temor a ella, la voz poética parece experimentar otra forma de verdad, una especie de satori, en el que se revela el carácter ilusorio de las construcciones de la inteligencia: y te extraño tanto/ que me doy cuenta/ que lo mejor que podemos traer a este mundo/ es la ilusión de una idea.

¿Y qué es la poesía sino una construcción de la inteligencia? Una construcción llena de ventanas por las que se cuelan el misterio y la belleza, y ¿quién sabe?, la verdad o las múltiples verdades: en principio, la conciencia del fin y la necesidad vital del sexo y del amor. Tal vez porque somos la única clase de ser vivo/ que sabe que algún día/ va a llegar su muerte, tal vez por eso somos una especie extraviada del camino de la naturaleza. Tal vez por eso, también, busquemos incesantemente el amor, eso que a pesar de todo, se siente real: en este monte quemado/ siento que vos/ apretás mi corazón y es el sol/ que con su fuerza hace arder la piel/ al devolvernos /la espuma junto a la voluntad. O es al menos una fantasía que puede vivirse de a dos y que alimenta la vida: el fuego que abrasa a los amantes es también el que nos hace nacer (un dato biográfico: Joaquín nació en un lugar que se llama Monte Quemado).

En su extravío –que es su trabajo– el poeta deja entonces para nosotros, lectores, rastros, apuntes de su aprendizaje en versos como estos, de una belleza fulgurante y misteriosa: la temporada de los sentidos será/ lo que en el auxilio/ encuentre al fin su ave.


RESEÑAS:

Sobre "Una especie extraviada". Por Daniel Gigena para www.revistaaglaura.com


Poemas DEL LIBRO


Una especie extraviada

 

¿podés entender en qué consiste

ahora

todo esto?

 

yo elijo mirar el cielo

y ya

trato de no elaborar ninguna idea

 

cuando sentíamos

que el horóscopo

nos traía buenas novedades

sin saberlo

o sabiéndolo pero a la vez

asumiendo su negación

apostábamos al confort que nos daba

a su oráculo tibio y pregnante

actuando

sobre todo nuestro ser

 

el tiempo

es como una flor,

decías

 

y los días enteros

se sucedían en la cama

 

¿podés

aún hoy recordar aquello

o ya tus labios

y tus gestos

se fueron hacia otro lugar?

 

pienso

en el olor que sueltan los granos de pimienta negra

cuando con la fuerza de nuestras manos

los destruimos

sobre un mortero de piedra blanca

 

ya

no queremos rejuvenecer

y tampoco

es necesario

conocerse

es dejar que alguien te atraviese

 

diga

con su cuerpo y maneras

 

qué lugar

en la memoria de otra persona ocupás



**



Cómo serán los días que me tocan

 

 

cómo serán los días que me tocan

que seguirán afectándome

después de éste

 

tomar distancia

de los colores en el cielo

y las bebidas frente al televisor después

 

los paisajes

no hay que salir a buscarlos

 

entonces la sorpresa

deja de ser

una mera pretensión

 

fui descubierto

 

tus ojos

y tu cuerpo también fueron descubiertos

 

no quiero dejar de verte

 

estoy en un lugar

que no tiene ninguna referencia

 

un lugar

que la palabra que lo describe

la tenés vos