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Daniela Camozzi
"muriel rukeyser. donde sea que vaya y otros poemas" 

Nació en Haedo, provincia de Buenos Aires, en 1969. Publicó los libros de poesía La felicidad ajena (Huesos de Jibia, 2008) y Mones Cazón (Ediciones del Dock, 2015) y, como traductora, junto a Walter Cassara, Canción de cuna y otros poemas, de Joseph Brodsky (Huesos de Jibia, 2009, reeditado en versión ampliada en 2012). Participó, entre otras, en las siguientes antologías: 15 Poetas (2006) y 13 Poetas (2007), Ediciones de La Biblioteca Nacional, y Buenos Aires Respira Poesía (2013).


 

 

Contratapa del libro

 

La obra de Muriel Rukeyser (Nueva York, 1913 – Nueva York, 1980) es compleja, rica, vastísima: publicó quince libros de poesía en vida, además de distintas recopilaciones y posteriores ediciones de su obra poética reunida. Y no solo eso: editó, también, tres biografías, The Life of Poetry –un ensayo fundamental sobre la vitalidad de la poesía y sus funciones, su necesidad en un mundo mercantilizado, prosaico–, seis libros infantiles, dos novelas, gran cantidad de artículos periodísticos, traducciones (de Octavio Paz, entre otros autores), estudios críticos, obras de teatro y guiones cinematográficos.

Muriel Rukeyser fue tantísimas cosas: novelista, dramaturga, poeta, ensayista, traductora, militante, pacifista, profesora en prestigiosas universidades y en talleres en centros comunitarios, madre soltera, amante de hombres y de mujeres, viajera, periodista, fue celebrada de joven, luego criticada por sus ideas políticas y su poesía social, para ser después revalorizada por su compromiso, como precursora del feminismo, por los bellísimos poemas de sus últimos libros, en los que cierra magníficamente una obra profunda y plena.

Muriel nos escucha y nos espera en sus textos, nos da la esperanza de un ritmo que pueda unir todas las cosas en una danza espiralada, el poema. La esperanza de una luz que resiste y que está viva.

Daniela Camozzi

 


RESEÑAS:

- Página 12, Buenos Aires, “Que se escriba”. Por Paula Jiménez España, 29/1/2016
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10347-2016-01-29.html - Descarga en PDF


 

Poemas DEL LIBRO

 

 

Canción para los niños muertos
 

 

Ponemos grandes coronas resplandecientes en las tumbas 

de los apasionados, que nos exigen ofrendas ardientes,

flores de verano: aquí las traemos, para sus frágiles corazones,

recordando cuán finas eran sus muñecas, sus delicados huesos,

sin fuerza aún para ninguna contienda.

 

Llegan agudos desde el campo los gritos de los niños fantasma, 

las pequeñas niñas siguen con su gracia y su maravilla.

La luz de la tarde tiembla, evoca a los jóvenes herederos,

los años en que debieron crecer hundidos en la tierra,

su fortaleza nunca puesta a prueba, su gloria sin alabanza.

 

Haremos trenzas de pasto para su infancia, que nunca tendrá

amor ni catástrofe, que nada sabrá de la decadencia

ni de los dilemas de la madurez.

En silencio, en su mortaja de silencio, mientras nosotros pasamos 

desafiando estridentes a la muerte, ellos yacen indefensos.

 


**


 

La enfermedad

 

Es una enfermedad pulmonar. La causa el polvo de silicato.

El polvo causa el crecimiento de

 

Aquí está la radiografía que le sacaron en abril.

Mire acá: estas son las costillas;

esta es la zona del esternón;

acá está el corazón (esa enorme sombra blanca llena de sangre).

Este, por supuesto, es el tubo digestivo, el esófago.

La tráquea. Los espacios entre los pulmones.

 

                       ¿Entre las costillas?

 

Entre las costillas. Esas son las clavículas.

Mire ahí, en ese pulmón, ya empiezan, las manchas.

Es como si un temporal de nieve hubiese arrasado con sus pulmones.

Y también ahí, de este lado, y de ese lado, arriba, y abajo.

Este sujeto está en la primera etapa.

 

                       Veamos el segundo.

 

Acérquese de nuevo a la ventana. Acá está el corazón.

Más nódulos, muchos, más grandes, ¿los ve?, en los lóbulos superiores.

Aquí se ve cómo aumentan: acá, las estrías de tejido fibroso…

 

                       ¿Qué quieren decir?

 

Muestran el avance después de diez meses.

Y aquí, este año: la falta de aliento, las largas cicatrices

incluso sobre las costillas, gruesas, de ambos lados.

Los vasos sanguíneos se cierran. Es el conglomerado típico.

                       ¿En qué estadio?

 

El tercero. Fíjese donde apoyo la punta del lápiz:

Aquí y aquí, ahí, allí y allí.

 

“Cada día es peor. A la noche me levanto

y trato de recuperar el aliento. Si me quedo

acostado boca arriba siento que me muero.”

 

¿Poco a poco se asfixian los alvéolos del pulmón?

Quiero expresarlo de la mejor manera posible.

Eso es lo que pasa, ¿no?

¿Se van asfixiando uno por uno?

Sí.

Se dificulta la respiración.

Sí.

¿Y hay dolor al toser?

 

¿La silicosis es una enfermedad mortal?

Sí, señor.


**


 

Tiempo de lectura: 1 minuto 26 segundos

 

El miedo a la poesía es el

miedo: el misterio y la furia de una calle en la medianoche

con ventanas de voz susurrada y voluptuosa

y ya no hay paz cuando ella aparece.

 

El momento en que termina la espera en el teatro:

se levanta el telón, queda oculto en el cielorraso

y se representa la escena con la madre que venda

la cabeza abierta de su hijo. La venda se desprende.

El telón cae. Es el momento de la verdad.

 

Es el clímax, cuando el cerebro reconoce el mundo,

y despiertan los valores que atraviesan toda la sangre.

Es el momento de la verdad. Como dicen que hizo Brancusi

al construir su ave para que volase en lo más alto,

como Kafka y sus cuentos, proyectados hacia la eternidad,

volando en el tiempo. El clímax golpea.

 

El amor conmueve tanto, que meses después de la mirada

azul del amor, la huella rítmica en el corazón

se traduce en el canto puro de las aves

y después en gritos en el aire, o poemas, la nueva escena.

El momento de la verdad. Que mucho después te golpea.

 

Le tienen miedo. Se alejan, levantan la mano, palma hacia afuera,

rechazan el momento de la verdad, que el poema te mire a los ojos.

La conciencia de la herida que sigue después del impacto de la bala.

El amor que sigue después de la muerte de la mirada,

la dicha amarilla después de la canción del sol.